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Las Transformaciones del Cardenismo

En 1930 la estructura de la tenencia de la tierra en M茅xico segu铆a mostr谩ndose una alta concentraci贸n, pues las propiedades de m谩s de mil hect谩reas abarcaban 83.5% de la superficie de fincas r煤sticas y los predios de m谩s de 10 mil has. unas 1 800 haciendas que representaban el 0.3% de todas las propiedades, controlaban 55% de la tierra cultivable. Paralelamente hab铆a 2.5 millones de campesinos sin tierra, es decir, 77% de toda la poblaci贸n ocupada en la agricultura.

Por otro lado, los ejidatarios no contaban con los medios necesarios para realizar una explotaci贸n agr铆cola exitosa, en gran medida por el tipo de tierra que se les entreg贸 y por la falta de infraestructura agropecuaria y de equipos de cultivo. De los 7.6 millones de hect谩reas repartidas, s贸lo el 23% correspond铆a a tierras de labor. El promedio de tierra cultivable por ejidatario fue de 4.6 hect谩reas a nivel nacional y de 3 hect谩reas en el 谩rea del centro.

Los ejidos s贸lo contaban con 13% de las tierras de riego y 煤nicamente 10.5% de los ejidatarios hab铆an obtenido alg煤n tipo de cr茅dito.

En 1934, antes del arribo de L谩zaro C谩rdenas a la Presidencia de la Rep煤blica, se efectuaron diversas reformas jur铆dicas: se modific贸 el Art铆culo 27 constitucional, para se帽alar que las afectaciones de tierra se realizar铆an respetando invariablemente la peque帽a propiedad agr铆cola en explotaci贸n; se cre贸 el Departamento Agrario, en sustituci贸n de la Comisi贸n Nacional Agraria, y se instituyeron las Comisiones Agrarias Mixtas en cada entidad federativa, en las cuales tendr铆an participaci贸n las organizaciones campesinas. En marzo de 1934 entr贸 en vigor el C贸digo Agrario, que fij贸 la extensi贸n de la parcela ejidal o unidad de dotaci贸n en 4 hect谩reas de riego u 8 de temporal, adem谩s de las superficies necesarias de tierra de agostadero o de monte. Los l铆mites para la propiedad privada inafectable se ampliaron considerablemente, al fijarse en 150 hect谩reas de riego o 300 de temporal, condicionadas a que, cuando en un radio de 7 kil贸metros a la redonda el poblado solicitante no hubiera tierras suficientes para dotar al n煤cleo, la extensi贸n se帽alada podr铆a reducirse a 100 y 200 hect谩reas, respectivamente. Asimismo, el nuevo ordenamiento acept贸 que los peones acasillados de las haciendas pudieran ser considerados sujetos de derecho agrario, pues hasta entonces hab铆an estado marginados de los procesos de dotaci贸n y restituci贸n.

Con el general L谩zaro C谩rdenas en la Presidencia de la Rep煤blica se inici贸 un cambio radical de la estructura de la tenencia de la tierra. Durante su sexenio el ejido no fue considerado una etapa transitoria hacia la peque帽a propiedad ni complemente salarial, sino concebido como el eje principal para emprender una transformaci贸n de fondo. Durante su primer informe de gobierno, en septiembre de 1935, el presidente C谩rdenas se帽al贸: “… por el hecho de solicitar ejidos, el campesino rompe su liga econ贸mica con el pat贸n, y en esas condiciones el papel del ejido no es el producir el complemento econ贸mico de un salario… sino que el ejido, por su extensi贸n, calidad y sistema de explotaci贸n debe bastar para la liberaci贸n econ贸mica absoluta del trabajador, creando un nuevo sistema econ贸mico-agr铆cola, en un todo diferente al r茅gimen anterior… para sustituir el r茅gimen de los asalariados del campo y liquidar el capitalismo agrario de la Rep煤blica”.

Otro elemento importante fue que durante su per铆odo el gasto p煤blico comenz贸 a usarse primordialmente en el desarrollo econ贸mico y social del pa铆s. Durante la gesti贸n de Abelardo Rodr铆guez, de 1932 a 1934, los gastos del aparato burocr谩tico representaron 63% del presupuesto. En cambio, durante el per铆odo cardenista s贸lo se destin贸 a gastos burocr谩ticos el 44%, a objetivos de desarrollo econ贸mico el 38% y a gastos de tipo social 18%. Fue en esa concepci贸n pol铆tica y en ese contexto como se inici贸 una amplia intervenci贸n del Estado en la vida ejidal: primero, decretando su afiliaci贸n a una sola organizaci贸n campesina y, segundo, haciendo obligatoria la intervenci贸n oficial en varios aspectos organizativos del ejido.

Por lo que se refiere al primer aspecto, con el fin de evitar enfrentamientos est茅riles y enga帽os a los a los campesinos, mediante un acuerdo presidencial de 1935 se orden贸 al Partido Nacional Revolucionario que procediera a organizar a los ejidatarios dotados de tierras, as铆 como a los que ten铆an una solicitud en tr谩mite.

En 1937 se modific贸 el C贸digo Agrario con el objeto de plasmar las directrices cardenistas: en el Art铆culo 139 se estableci贸 que en los cultivos que requiriesen un proceso de industrializaci贸n, y por lo tanto inversiones superiores a la capacidad econ贸mica individual de los ejidatarios, “la explotaci贸n se organizar谩 en forma colectiva, sin perjuicio de adoptar este sistema en todos los casos en que sea conveniente para el mejor desarrollo de la comunidad”. El art铆culo 148 otorg贸 facultades al Departamento Agrario y al Banco Ejidal para organizar los ejidos y las sociedades de cr茅dito ejerciendo funciones de direcci贸n y vigilancia de la econom铆a ejidal. En los casos en los que no se constituyeran sociedades locales de cr茅dito, el Departamento Agrario quedaba facultado para establecer los cultivos y t茅cnicas de explotaci贸n, determinar la forma de organizaci贸n de los ejidatarios, buscar el mejor aprovechamiento de los recursos naturales y definir cualquier otro concepto social o econ贸mico importante para la comunidad.

Sin embargo , las reformas introducidas en dicho a帽o tambi茅n dejaron claro que el r茅gimen no se propon铆a eliminar la peque帽a propiedad, como lo muestra el reconocimiento a las 谩reas de inafectabilidad ganadera. De esa manera, en 1938, la Oficina de la Peque帽a Propiedad rindi贸 dict谩menes en favor de peque帽os propietarios en Quer茅taro, Tlaxcala, Michoac谩n, Jalisco, Guanajuato y el estado de M茅xico.

C谩rdenas efectu贸 el mayor reparto agrario hasta entonces y en s gesti贸n se afectaron las haciendas de las zonas de agricultura m谩s pr贸speras del pa铆s.

Entre 1936 y 1938 se realizaron las cinco grandes expropiaciones cardenisas: en La Laguna, casi 150 000 hect谩reas se dotaron a 35 000 campesinos; en Yucat谩n se dot贸 con 366 000 hect谩reas de henequ茅n a 34 000 ejidatarios; en Valle del Yaqui, 47 000 hect谩reas se distribuyeron entre 2 160 beneficiados; en Lombard铆a y Nueva Italia, 61 449 hect谩reas se distribuyeron a 2 066 campesinos, y en los Mochis, una zona ca帽era irrigada por el r铆o Fuerte 55 000 hect谩reas se dieron a 3 500 ejidatarios.

En este sexenio la tenencia de la tierra sufri贸 una gran transformaci贸n Mediante sus resoluciones presidenciales C谩rdenas entreg贸 casi 18 millones de hect谩reas. El reparto efectivo, sin embargo , fue de 20 074 704 hect谩reas, lo que signific贸 pr谩cticamente el doble de las tierras repartidas en los 19 a帽os anteriores. Asimismo, mientras de 1917 hasta 1934 se hab铆a beneficiado a un total de 942 125 campesinos, durante los seis a帽os de la administraci贸n cardenista se dot贸 a 771 640. En relaci贸n con el total de las 谩reas de cultivo, la proporci贸n de las tierras ejidales tuvo tambi茅n un crecimiento significativo; de 1934 a 1940 el sector ejidal increment贸 de 6.3 a 22.5% su participaci贸n en las tierras agr铆colas, y en las tierras de labor de 13.3 a 47.4 por ciento. Adem谩s, el 谩rea bajo riego que qued贸 en manos del sector ejidal lleg贸 a 57.4%, mientras que en 1930 esa cifra fue de 13%. En las 谩reas de temporal pas贸 de 14.2 a 46.5 por ciento.

De manera paralela, los hacendados y rancheros hicieron su propio reparto agrario entre amigos y familiares, e incluso con sus trabajadores. Muchos de los propietarios prefirieron fragmentar sus tierras antes que permitir la afectaci贸n agraria. De ese modo, si en 1930 hab铆a casi 481 000 propietarios que controlaban 123 millones de hect谩reas (255 hect谩reas en promedio individual), en 1940 el n煤mero de propietarios subi贸 a 1 122 000 que ten铆an 100 millones de hect谩reas (89 hect谩reas promedio). Es decir mientras la superficie de propiedad privada baj贸 en 23 millones de hect谩reas (18.7%), lo cual coincide en buena medida con el reparto agrario de los a帽os treinta, el n煤mero de propietarios se multiplico por 2.3 veces.

En el sector ejidal existi贸, por otra parte, un peque帽o n煤cleo organizado colectivamente en sociedades de cr茅dito, al lado de un sector mayoritario que careci贸 de apoyo y cuyos ejidatarios s贸lo contaron con su parcela, que por s铆 misma result贸 insuficiente. Esa situaci贸n dio origen a que en el propio 1940 el 30% e los campesinos beneficiados se dirigieran a otras regiones para trabajar en diversas actividades para complementar as铆 los ingresos para su sustento.

Al luchar para que el ejido se constituyera en la fuente 煤nica de recursos para cada ejidatario, convirti茅ndolo en base de la econom铆a agr铆cola, el cardenismo obtuvo la justificaci贸n de su pol铆tica agraria. En efecto, en 1930 el sector ejidal s贸lo aportaba el 11% de la producci贸n agr铆cola, proporci贸n que en 1940 subi贸 al 50.5%. Durante ese sexenio, casi de la mitad de la tierra cultivable del pa铆s pas贸 a ser ejidal. El desarrollo industrial que se registr贸 en el pa铆s a partir de 1940, alentado externamente por la Segunda Guerra Mundial, no se hubiera dado sin la formaci贸n previa de un creciente mercado interno, en buena medida constituido por los ejidatarios y sus familias, campesinos que ahora ten铆an un mayor poder de compra.

Publicado por: Direcci贸n General de Comunicaci贸n Social
Agosto 22, 2010

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